lunes, 7 de junio de 2010

ORIGENES DEL NARCOTRAFICO (CDFN)






Tomando en cuenta los antecedentes de este fenómeno, podemos ubicarnos en un panorama nacional complicado, protagonizado especialmente por la violencia política de los años cuarenta y cincuenta, al igual que por el período de exclusión política del Frente Nacional, entre muchos otros problemas que surgían en Colombia contemporáneamente. El narcotráfico, como tal, nace en la década de los sesenta, período en el que la demanda mundial de drogas como la marihuanaaumentó considerablemente, sin una clara oferta en respuesta. Colombia, para este entonces, apenas tenía unos primeros centros de narcotráfico, centros como el de La Guajira, Buenaventura, y Urabá entre otros, con un escaso papel en el creciente mercado mundial. Siendo la marihuana la principal droga de producción en Colombia (especialmente en la Sierra Nevada de Santa Marta), el país entra al mercado mundial del negocio de la droga con uno de los productos más finos y apetecidos. El primer epicentro de la droga en Colombia fue el costeño,

hecho casi predecible tomando en cuenta los antecedentes del negocio de la droga y contrabando en esta zona, y se expande a lo largo de departamentos como La Guajira, Magdalena, Cesar, Atlántico y Bolívar, siendo el primer núcleo de exportación de droga a Norte América. Ya establecidas las primeres redes de narcotráfico con Norte América, el negocio empieza a prosperar a un ritmo acelerado, por lo que no tardaría mucho para que Colombia creciera internamente como productor, para satisfacer así la elevada demanda. En el momento del crecimiento del negocio, es cuando se resaltan las raíces del narcotráfico, que a fin de cuantas, son las mismas en los cinco focos, y exponen los problemas de trasfondo que llevaron al país a caer en el negocio de las drogas.

“Los cinco focos de la mafia colombiana presentan características comunes en su configuración desde el punto de vista histórico, ya que se consolidaron sobre la crisis de los productos básicos de la agroindustria, la minería o el comercio de las burguesías locales, y los consiguientes traumatismos económicos, sociales, culturales y de orden público, muy contundentes hacia 1970 en las cinco regiones.”

Si bien es cierto que cada uno de los focos se especializaría en la producción de un tipo de droga específico, y cada uno lucharía por la prosperidad individual, el problema del narcotráfico tiene, a fin de cuentas, un claro y único propósito: Superar la crisis económica por la que el país atravesaba, y sobrellevar el desempleo y la violencia. La respuesta inmediata a la crisis económica que surge en el país fueron las mafias, quienes urgidas de trabajadores, emplean a campesinos y desplazados para sus crímenes.

domingo, 6 de junio de 2010

GOBIERNOS DESPUES DEL FRENTE NACIONAL

Virgilio Barco
Belisario Betancourt
Turbay Ayala


Alfonso López Michelsen (1974-1978)

Tal como fue pactado, el Frente Nacional termina en 1974 y los partidos conservador y liberal se enfrentan en cabeza de sus candidatos Belisario Betancur y Alfonso López Michelsen. Sin embargo tras dieciséis años de compartir el poder y la burocracia, las diferencias ideológicas entre estos dos partidos tradicionales habían, prácticamente, desaparecido y el enfrentamiento electoral empezó a desarrollarse más en el campo burocrático.

Por otro lado varias guerrillas comunistas habían sido engendradas dentro del Frente, entre ellas el ELN, las FARC y el M-19, pero su impacto social era, todavía, muy limitado.

Alfonso López Michelsen obtuvo la primera presidencia post-Frente Nacional y reparte sus ministerios entre ambos partidos.

Julio César Turbay Ayala (1978-1982)

El M-19 se posiciona como un grupo guerrillero urbano especializado en ataques de gran impacto mediático.

En 1978 el candidato liberal Julio César Turbay gana las elecciones presidenciales.

En 1979 el M-19 se toma la embajada de la República Dominicana y tras varios meses de negociaciones los líderes de la toma viajan a Cuba. Este hecho, junto con el robo de armas del Cantón Norte de Bogotá, llevan al gobierno de Turbay a declarar un estatuto de seguridad nacional destinado a contrarrestar la amenaza guerrillera.

Belisario Betancur Cuartas (1982-1986)

Artículo principal: Belisario Betancur Cuartas

En 1982 surge la figura política de Luis Carlos Galán, quien pretende cambiar la clase política, comenzando por su partido, creando el movimiento del Nuevo Liberalismo (no confundir con neoliberalismo).

La división causada al interior del partido liberal facilitó el triunfo del conservador Belisario Betancur Cuartas.

Para esta época el narcotráfico se había convertido en un factor social importante, sin embargo, si bien un delito, no era considerado como un factor de amenza a la sociedad. Pablo Escobar, ya un capo del narcotráfico, fue elegido Representante a la Cámara. Belisario Betancur eligió como su ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla del Nuevo Liberalismo, quien fue un gran crítico del narcotráfico.

En 1983, los Estados Unidos y Colombia lograron un acuerdo de cooperación y justicia que incluía, entre sus pilares, la extradición de nacionales.

Lara Bonilla denunció a Escobar y logró que fuera destituido. En 1984 Lara Bonilla fue asesinado, en lo que se considera el primer asesinato político cometido por el narcotráfico colombiano.

Una de las políticas de Belisario Betancur consistió en buscar una solución al problema de las guerrillas y para ello inició una serie de diálogos con los principales grupos del momento: el M-19, las FARC, el ELN y el EPL. Al abrigo de las negociaciones surgió Unión Patriótica, donde se integraron, además de partidos políticos como el Partido Comunista Colombiano, integrantes desmovilizados de las FARC, la mayoría de estos últimos fueron abandonando la coalición para reintegrarse en la guerrilla, a medida que los integrantes de la coalición eran masacrados. Las negociaciones, por lo tanto, dieron por resultado una tregua que fue ocasionalmente rota bien por la guerrilla o bien por el ejército.

El 6 de noviembre de 1985, el M-19 se toma el Palacio de Justicia en Bogotá, con el objeto de celebrar un juicio público contra el presidente Betancur por el rompimiento de los acuerdos. Los militares toman control de la situación y retoman el edificio. Todos, salvo uno de los guerrilleros, así como varios magistrados y empleados de la corte murieron en confusos hechos. Además de esta toma, el 15 de noviembre de 1985 ocurre la erupción del Nevado del Ruiz, con la subsecuente avalancha de Armero, en la cual murieron 25 mil personas y se destruyó casi toda la ciudad.

Virgilio Barco Vargas (1986-1990)

En 1989, las críticas al sistema político cerrado provenían no sólo de los grupos guerrilleros o de partidos como el comunista o la Unión Patriótica, sino que había permeado a las nuevas propuestas políticas y a los grupos universitarios (tanto de universidades públicas como privadas). Este nuevo liderazgo estaba representado en el senador y precandidato presidencial Luis Carlos Galán, quien se perfilaba como el más probable ganador de las elecciones presidenciales de 1990.

El asesinato de Galán, ordenado por Pablo Escobar, fue el punto culmen de la guerra declarada por Pablo Escobar contra la Extradición. En medio de este clima, de guerra en Colombia nace el movimiento estudiantil de la séptima papeleta , liderado por estudiantes de diferentes universidades de Bogotá, quienes proponen la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, en donde logran un triunfo sin precedentes en la historia de Colombia, obtienen la aprobación en 1990 de la convocación a una Asamblea Constituyente, la cual promulgaría una nueva constitución en 1991.

miércoles, 2 de junio de 2010

COLOMBIA DESPUES DEL FRENTE NACIONAL (1974-1990)




Gran parte de nuestra historia reciente ha significado un decaimiento de la política como ideología. Un apocalíptico colapso de los partidos ha dejado a la saga una heterogénea movilidad de pequeños grupos e individuos que exaltan temporalmente la ilusión de cambio. Al derrumbe del Frente Nacional le siguió la desintegración más gradual de los partidos. Y los fallidos intentos de la izquierda por hacerse a una identidad, tanto como la devaluación ideológica insurgente, completan un cuadro vacío de pasión política en Colombia.

Si bien lo que queda de los partidos colapsa, en gran parte del país predomina una benevolente ideología personificada en Uribe. Su elemento central es la creencia de que el Estado Comunitario puede proporcionar un crecimiento económico estable, seguridad ciudadana y protección a la propiedad privada. No todos se alegran con esta cosas, pero la gente de las encuestas lo cree ganador para otro período. El conservatismo, e incluso muchos liberales, comienzan a adoptar sus postulados como doctrina.

Sin embargo, pese a sus logros, el Estado Comunitario se va agotando a sí mismo. Sencillamente ha sido demasiado personalizado como para seguir siendo una fuerza de cambio. Demostrando niveles primarios de politiquería, la campaña para la reelección ha creado rigideces, y una mayor burocratización. El crecimiento de la economía identifica una asimetría entre el mejoramiento de una clase social empresarial y la pobre calidad de vida de una mayoría.

Algo en común tiene el presidente Uribe con Ronald Reagan, sus consignas de gobierno no hacen parte realmente de una ideología, sino más bien de una reacción visceral al estancamiento de los gobiernos anteriores. Un intento por soltar la camisa burocrática del estado y revelar que no todo lo que sale de la benevolencia estatal es bueno. Pero entre el neoliberalismo de Reagan y el Estado Comunitario de Uribe, existe una ruidosa coherencia reactiva. Ambos intentar el resurgimiento de la política desde valores en donde la propiedad, la familia y el Estado, representan un todo orgánico.

Este cambio de rumbo político coincide con un nuevo auge de apertura a los mercados. Y los negociadores gringos comienzan a mostrar sus dientes afilados. El uribismo, sumado a los fenómenos de crecimiento económico, podrá tener muchas consecuencias liberadoras, pero la combinación con una negociación que otorgue ventajas proteccionistas, genera tanto perdedores como ganadores. Estamos progresando y retrocediendo a la vez en medio de un círculo donde la mercadotecnia le gana a la política.

¿Quién hará retroceder esta maquinaria? Recordemos que a finales de los 90, en casi todo el mundo la escena política llegó a estar dominada por el deseo de combinar la competitividad y la creación de riqueza inducida por el crecimiento, por un lado, y la solidaridad, la justicia y la cohesión social, por otro. Ambos objetivos siguen vigentes y se deberían lograr. Este es el principal objetivo político en una sociedad libre y, en principio, es aceptable que las instituciones políticas trabajen con este objetivo.

Sin embargo, al intentar convertirlo en parte de un nuevo edificio ideológico, los partidos diluyen sus diferencias. Y aquí reside nuestra crisis. Creyeron que se trataba del amanecer de una nueva era social y por cierto siguen intentando probar sus argumentos. El liberalismo con la internacional socialista y la social democracia. Los conservadores, sin quedarse atrás, reclaman el derecho al Estado Comunitario de Uribe. El Polo navega todavía en aguas turbulentas. Y la nueva ideología en política cuesta un desayuno.

Todo esto no augura un cambio de dirección política. Si Peñalosa diera paso a Mockus, o el Polo a Navarro, incluso si el presidente Uribe perdiera frente a cualquier oponente, esto no implicaría el inicio de una nueva era. A nivel de la más elemental interpretación el único y exclusivo problema de la mayoría de colombianos sigue siendo el mismo: cómo proporcionar una base sustentable para el crecimiento económico con el competitivo clima del mercado global, al tiempo que se mantiene la solidaridad y el sentido de equidad en toda la sociedad. La clave de gobernar bien depende de la cuadratura de este círculo.

Sería un giro ideológico significativo, si no fuera por los viejos desafíos que surgen de las tentaciones desequilibrantes del conflicto armado. Las versiones de una lucha popular insurgente que ha quedado desteñida por los capitales circulantes del narcotráfico; y los nuevos redentores de Santa Fe de Ralito, que se niegan a reconocer el integrismo negativo de la coca y las armas. Sobre esta superficie áspera nos movemos.

OPOSICIONES ARMADAS (GRUPOS ARMADOS EN CONTRA DE LA LEY)

MANUEL MARULANDA


MRL:

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Tras la caída del General Gustavo Rojas Pinilla en 1957, los López regresan al país. En 1959 un grupo de sus antiguos estudiantes del Rosario funda el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), como reacción al pacto del Frente Nacional en el que participaba su partido, el Partido Liberal Colombiano, y en el que López Pumarejo, recientemente fallecido, había sido gestor principal; se le ofrece orientar y dirigir el nuevo movimiento, y López Michelsen acepta el reto político. Hasta ese entonces, su única ambición era alcanzar la rectoría de su Alma Mater. Es elegido Representante a la Cámara en 1960 por el MRL y se presenta como candidato a la Presidencia en 1962, siendo ampliamente derrotado por el conservador Guillermo León Valencia.

En 1966 es elegido senador, y logra pactar el regreso del MRL al oficialismo de su partido un año después, siendo nombrado por el Presidente Carlos Lleras Restrepo como el primer gobernador del recién creado departamento del Cesar; durante su paso por este cargo funda junto a Consuelo Araújo Noguera y Rafael Escalona el Festival de la Leyenda Vallenata en Valledupar, desde entonces es reconocido como uno de los principales conocedores y defensores de la música vallenata en Colombia. Un año después asume la cartera de Relaciones Exteriores, hasta el final del gobierno de Lleras, en 1970. El 16 de septiembre de 1966 participó en la ciudad de Medellín, como profesor, en la fundación de la Universidad Autónoma Latinoamericana, UNAULA, primera universidad colombiana que puso en vigencia los principios filosóficos del Manifiesto de Córdoba: cogobierno de estudiantes y profesores, libre cátedra, libre investigación científica, libre aprendizaje y vinculación de la universidad a los problemas de la sociedad.

ANAPO:

La ANAPO (acrónimo de Alianza Nacional Popular) fue un partido político colombiano fundado como movimiento en 1961 por el ex presidente General Gustavo Rojas Pinilla y desaparecido en 1998. Varios de sus dirigentes y militantes hacen parte hoy del partido de izquierda Polo Democrático Alternativo.

Participó en la elecciones generales de 1962, tras las que, junto con el Movimiento Revolucionario Liberal, se convirtió en el partido opositor al gobierno del Frente Nacional.

En 1970; el Gen. Rojas Pinilla alcanzó un gran número de votos en las elecciones presidenciales y sus seguidores consideraron haber vencido al candidato oficial Misael Pastrana Borrero. El entonces presidente Carlos Lleras Restrepo declaró el toque de queda, luego de lo cual fue declarado como ganador a Pastrana Borrero, lo que provocó denuncias de fraude en el departamento de Nariño, en el sur del país. En 1973 un grupo de anapistasformaron el grupo guerrillero Movimiento 19 de abril (M-19).

En 1971, pasó a la segunda etapa como tercer partido, bajo la dirección de la hija del ex presidente, María Eugenia Rojas, que obtuvo el tercer lugar en las votaciones de las elecciones presidenciales en 1974. En 1982 apoyó a la candidatura de Belisario Betancur Cuartas, candidato del Partido Conservador.

A principios de la década de los noventa, se unió con el M-19 para formar la Alianza Democrática M-19 que obtuvo el segundo lugar en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente en 1991.

Después de la reforma poltica de 2003 se disolvio formalmente al unirse a la coalición de partidos de izquierda conocida como el Polo Democrático Independiente el cual en el año 2005 se convierte en el Polo Democrático Alternativo.

Actualmente, el sustrato social que fue la base de la desaparecida ANAPO está dirigida por el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno Rojas, y es así como sus antiguos seguidores hacen parte de la coalición de izquierdas Polo Democrático Alternativo.

FARC:

Bandera de las FARC Bandera de las FARC

En 1953 el General Gustavo Rojas Pinilla llegó al poder luego de un golpe de estado y buscó llevar a su fin la época de La Violencia. Por medio de las amnistías, cerca de 5.000 guerrilleros liberales dejaron las armas.

El Partido Comunista Colombiano (PCC) desconfió de la amnistía de Rojas Pinilla y se negó a entregar las armas, si bien hubo grupos que se declararon conformes con la amnistía.[35]Durante las negociaciones varios de los grupos comunistas que seguían en armas se concentraron en Sumapaz donde, según su versión de los hechos, fueron atacados por fuerzas militares que usaron helicópteros y Napalm provisto por el gobierno de los Estados Unidos a través de la CIA.

Estas guerrillas comunistas y varios liberales radicales de los cuales hacía parte el fundador de las FARC Manuel Marulanda, alias “Tirofijo”, se retiraron hacia el sur, en la región de Marquetalia, donde establecieron lo que llamaron una “zona liberada”.

Luego crearon zonas similares en El Pato Caquetá, Riochiquito Cauca, Guayabero y el sudoeste de Tolima.[38] Campesinos acosados por bandoleros y en algunos casos por el ejército colombiano se establecen en las llamada “zonas liberadas”, por lo que surgió una administración civil además de la armada.[39] Surgen discrepancias teóricas y algunos grupos tratan de establecer una estrategia guerrillera ofensiva. Hecho por el cual fracasan el MOEC (Movimiento de Obreros, Estudiantes y Campesinos), el FUAR (Frente Unido de Acción Revolucionaria) y el Movimiento Vichada. El PCC asienta su estrategia basada en la autodefensa armada y el ejemplo de las “zonas liberadas”.

ELN (Ejército de Liberación Nacional)

Bandera del ELN Bandera del ELN El ELN fue creado a mediados de la década de los sesenta por grupos influenciados por la revolución cubana y la teología de la liberación, pero a principios de la década de los setenta estuvo a punto de desaparecer como consecuencia de una fuerte presión militar de las autoridades. Sin embargo, logró fortalecerse durante los 80 mediante la extorsión de compañías extrajeras vinculadas a la explotación de hidrocarburos, amparado en un discurso nacionalista y de protección de los recursos naturales. A finales de los 90 contaba con cuatro frentes de guerra que agrupaban 50 unidades militares (3.500-5.000 combatientes) distribuidas en 23 departamentos del país.

Contrario a lo sucedido con otros grupos armados irregulares, el ELN sufrió retrocesos importantes a finales de la década de los noventa. Su capacidad militar se vio disminuida a consecuencia de la presión ejercida por los grupos paramilitares en sus zonas de influencia, como el Magdalena Medio, el Oriente Antioqueño y el Norte de Santander y por las acciones militares de represalia que ejecutaron las fuerzas armadas luego de que el ELN realizara una serie de secuestros masivos. El ELN se vio debilitado además, porque no recurrió de manera sistemática al narcotráfico como fuente de financiación, y el mayor control y protección del Estado a la industria petrolera disminuyeron sus ingresos provenientes de la extorsión.

A principios de 2004 el ELN inició negociaciones con el gobierno gracias a la mediación ofrecida por el Gobierno de México. Sin embargo en noviembre de 2004, aún no se percibían avances en este proceso. Por el contrario, el ELN ha anunciado que estaría dispuesto a ejecutar estrategias coordinadas con las FARC-EP para combatir a las fuerzas militares.

Entre 1956 y 1958 liberales y conservadores llegan a un acuerdo de reparto del poder con la intención de frenar “La Violencia” bipartidista y se crea el Frente Nacional. El nuevo régimen, en el contexto de la Guerra Fría, considera que debe poner fin a cualquier influencia comunista y califica a las zonas liberadas de “repúblicas independientes”, al estar fuera del control y jurisdicción de la administración nacional.

EPL:

Bandera del EPL Bandera del EPL

El Ejército Popular de Liberación (EPL) era un grupo guerrillero colombiano, brazo armado del Partido Comunista de Colombia – Marxista Leninista. Fundado en 1965, aunque solo inició acciones militares en 1968, principalmente en Antioquia (regiones de Urabá y Bajo Cauca), los departamentos de Córdoba y Sucre y la región del Magdalena Medio.

El Ejército Popular de Liberación EPL, es considerado el tercer grupo guerrillero colombiano en tamaño después de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

Según información publicada por la Fuerza Aérea de Colombia y afirmada por la VII División del Ejército de Colombia, el EPL desapareció en el departamento de Antioquia como guerrilla rural en 1996, pero continúan con milicias en zonas urbanas como Medellín. Realizan algunas acciones en conjunto con la guerrilla de las FARC, como la realizada en Hacarí. Hacia 2006 contaban con tres frentes que agrupaban, aproximadamente 200 combatientes.

CONCECUENCIAS DEL FRENTE NACIONAL



Las implicaciones que le trajo el Frente Nacional a la vida cotidiana y política de los colombianos, además del abstencionismo electoral que generó la competencia interpartidista por la repartición del poder y del control social, la ilegitimación de la política y de las instituciones estatales cooperó para que, como pasa ahora, comenzara a implantarse un sistema ciudadano de apatía hacia la política, además de la ineficacia de la democracia.

El Frente Nacional ha sido considerado como el “lunar negro” de la historia de Colombia, ya que por su proceso de crecimiento clientelista, los entes representativos del Estado como lo son el Congreso, el Concejo y las Asambleas, se convirtieron en el escenario ideal para el crecimiento de la corrupción. A esto contribuyó también el hecho de que todo el protagonismo se lo hubiera llevado el Ejecutivo, y que no hubiera permitido que el Congreso y los otros entes representativos cumplieran con su papel; además de la real inhabilidad de hacerlo, porque en un matrimonio bipartidista no podría haber existido en realidad algún tipo de oposición. Así, la incredulidad de la sociedad colombiana en el Estado y en la política se convirtió en una constante.

El Congreso y los demás entes de la rama legislativa no fueron los únicos que sufrieron el “autoritarismo” generado por el Frente Nacional; la rama judicial fue un espacio de la vida gubernamental que no tuvo una responsabilidad real frente a todas las funciones que debería cumplir en una democracia , por lo cual el Estado no logra cumplir con su deber de proteger a los ciudadanos, y ellos lo notan.

El Frente Nacional pone en un hilo a la política real del país, inclusive a la democracia, ya que por su sistema no permite la existencia de una oposición real, como ya lo había expuesto antes, logrando así que la vida política se convirtiera en una sala de visitas en la que no había espacio para la discusión de temas que realmente interesaran a la sociedad, y mucho menos, si eran intereses que convenían más al matrimonio entre partidos.

El Frente Nacional se convirtió además en una contradicción frente a la democracia de nuestro país, ya que “castró” la posibilidad de elegir un representante con el que los ciudadanos lograran identificar sus intereses; son precisamente los partidos políticos los que legitiman una democracia real por la efectividad de los ideales en los que está cimentado para lograr hacerle una oposición leal a los políticos de turno.

Es muy obvio que, además del problema que causó el Frente, como Colombia no tiene un proyecto de nación, cada representante puede llegar a hacer cosas que pueden no ser muy adecuadas al contexto de nuestro país, y como no existe un proceso, esos planes pueden cambiarse y crear en nuestra sociedad, en la economía y en la política, un gran traumatismo. Eso es lo que ha venido pasando desde que se concibe nuestro país, ya que en su inicio, desde la guerra de independencia, el proyecto fue económico ( tabaco y café).

¿Acaso fue por el Frente Nacional que comenzó la crisis de los partidos políticos en Colombia?. La pregunta puede sonar estúpida y la respuesta obvia, pero el problema que quiero plantear va más allá. Actualmente en Colombia existen 78 “partidos políticos” legales, y cada año en las elecciones se postulan a concejales, congresistas y hasta a presidentes, extraños y folclóricos personajes que, en vez de generar más opciones de elección, generan en muchos ciudadanos cada vez más apatía frente a la política y frente a sus deberes de esta naturaleza, todo por la falta de seriedad.

LA VIOLENCIA DURANTE EL FRENTE NACIONAL


Mientras que el período conocido como la “Violencia” favoreció un gran retroceso en la representación de la efectividad del Estado, se considera que, además de las implicaciones que un sistema como el Frente Nacional trajo consigo, existieron varios movimientos y varias situaciones paralelas a este ciclo que contribuyeron con su desarrollo, tanto positiva como negativamente.


Este “pacto de no agresión” hecho por los partidos más importantes y representativos de nuestro país, si no los únicos, acarreó, como lo dicen las politólogas Ana María Bejarano y Renata Segura Bonett, un derrumbe parcial del la figura del Estado, por su falta de presencia en muchos lugares, así como de autoridad. Así, se crean grupos guerrilleros que crecen en los campos y movimientos de protesta social que ven totalmente lejos sus intereses de los que promulga el Estado.

Comienzan las sucesivas reformas administrativas y constitucionales; la utilización del erario público para ganar clientela frente a la apatía del electorado, que fue la más grande en toda la historia del país, alcanzando el 70%.

Aparece la ANAPO (Alianza Nacional Popular) que se concibe como una amenaza populista a la paridad de los partidos políticos (1970-1974). Además, se revelan una gran cantidad de liberarles y forman un movimiento disidente que, junto con la ANAPO, trataron de crear oposición al régimen, el MRL (Movimiento Revolucionario Liberal), en el cual participaron los antiguos militantes de la izquierda, del movimiento estudiantil, del sindicalismo colombiano y de las organizaciones agrarias.

Estos dos movimientos no duraron mucho tiempo ni tuvieron la oportunidad de hacerlo, ya que en el ciclo del Frente Nacional todo movimiento o pensamiento que fuera contrario al sistema era censurado y no existía. Así, el MRL se integró al liberalismo oficial.

El Frente Nacional propició, además, una gran crisis en la universidad pública, ya que se comenzó a norte- americanizar la Universidad nacional, creó sublevaciones de los estudiantes, que habían sido claves en el derrocamiento del dictador Rojas Pinillas, y que a partir del comienzo del Frente, llegaron a ser tratados como subversivos.


Los movimientos reivindicatorios obreros fueron excluidos por el “sectarismo clasista”, ya que fueron considerados enemigos del proceso.

Así el Estado y los partidos tradicionales ampliaron las exclusiones políticas, sociales y de expresión, pero, así mismo, estos sectores discriminados se auto- excluyeron y se separaron de la política tradicional.

Lejos de la vida política estaban los nuevos escritores, contemporáneos al movimiento, que buscaron generar una narrativa joven y diferente en las ópticas y en los medios expresivos, frente a los otros escritores, más antiguos, como Gabriel García Márquez y Manuel Mejía Vallejo, entre otros.

Esos escritores con nombres como Isaías Peña Gutiérrez, Roberto burgos, Germán Santamaría, Hugo y Roberto Ruiz, Enrique Posada, Policarpo Varón, Arturo Álape, entre muchos más, y que extrañamente no figuran dentro de la historia oficial de nuestro país y de sus movimientos literarios, usaron lenguajes atemperados heredados por Juan Rulfo con los que, según Peña Gutiérrez, “se adentraron en las dimensiones invisibles de la Violencia”, época que les tocó vivir, y frente a la que relacionaron el pacto del Frente.

La época de la “Violencia” trajo consigo una cultura de la que nacieron leyendas, fantasmas, modos de pensar y de vivir, los cuales se reflejaron en la literatura.

Dentro del desarrollo de la literatura pesó el hacho de que, en todo el período del Frente Nacional, el país se hubiera mantenido en estado de sitio, figura política que, además de reprimir y entorpecer el desarrollo normal del país, reprimió las formas de expresión, asunto que no les permitió a los literatos de esta época ser más francos, sinceros y críticos.

Por el contrario de la narrativa, la poesía esquivó los temas sociales y de coyuntura; y de la violencia vivida después de 1958 sólo quedan coplas de campesinos que tuvieron que soportarla en carne propia.

El Nadaísmo, movimiento surgido en 1958, buscaba provocar a la burguesía de la época, rebelándose en sus cuentos y poemas frente a las creencias religiosas, políticas y culturales de la época, venidas todas de una tradición. La esencia del movimiento la explicó uno de sus integrantes, Jotamario: “El nadaísmo nació en medio de una sociedad que, si no había muerto, apestaba. Apestaba a cacuchas de regimiento, apestaba a sotanas sacrílegas, apestaba a factorías que lanzaban por sus chimeneas el alma de sus obreros, apestaba al pésimo aliento de sus discursos, apestaba a incienso de sus alabanzas pagadas, apestaba a las más sucias maquinaciones políticas, apestaba a cultura de universidad, apestaba a literatura rosa, apestaba a jardín infantil, apestaba a genocidios, apestaba a miserias, apestaba a torturas, apestaba a explosiones, apestaba a pactos”.

Frente a estos hechos que marcaron a los diferentes escritores, la poesía y la literatura de los años setenta, fueron marcadamente apolíticas y apartidistas, todo esto, frente a la ilegitimación de estas figuras.

Aunque la violencia después del 58 no fue de partidos, se comenzó una lucha entre los militares y los grupos guerrilleros, asunto que generó aún más desplazamiento del campo a la ciudad, e impulsó el crecimiento de los cordones de miseria y de los barrios marginales en las grandes ciudades, asunto que aún sigue siendo un flagelo de descomposición social en nuestras ciudades hoy en día.

Como conclusión a este apartado, y frente al contexto del país en ese entonces, el pacto del Frente Nacional buscó menguar la confrontación que había existido entre políticos tradicionales azules o rojos, y lo logró; pero abrió aún más la grieta social, lo cual produjo nuevas enemistades.

FRENTE NACIONAL


  1. Para hablar de la historia del Frente Nacional, es necesario dirigirse diez años más atrás, y llegar hasta la época denominada la “Violencia”, la cual comenzó en 1948 y originó una gran ruptura entre los tejidos políticos y sociales del país.
  2. Después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, los conservadores buscan disuadir a los adeptos del partido liberal, ya que como mayoría, podrían llegar a ganar la elecciones y controlar el poder. No logran la persuasión de los liberales, y entonces deciden aniquilarlos físicamente usando la violencia, para así lograr convertir al partido conservador en un partido de mayorías. Este período de la violencia, desconocido en el exterior deja después de una larga guerra civil en la que no mueren los políticos ni sus familias, sino sólo el pueblo, aproximadamente 350.000 muertos.
  3. Después de derrocar la dictadura del Rojas Pinilla en 1957, una junta militar toma el mando del país, y se produce un acuerdo entre los dirigentes de los partidos para lograr que el país se conduzca a través de la democracia representativa.
  4. Para esto se reunieron Laureano Gómez, jefe del partido conservador, y Alberto Lleras Camargo, jefe del liberal, y convinieron un acuerdo que permitiera garantizar la estabilidad de los partidos, sin temor a no acceder a cargos públicos o a ser derrocados por un golpe de Estado.
  5. Así se crea el pacto llamado el “Frente Nacional”, fenómeno único en el mundo, creado para que durara veinte años, pero que en sentido estricto duró 16 años (1958-1974), y que fue concebido como un pacto de no agresión entre los partidos, además de asegurar la paridad en los puestos del Estado. El principio firmado por los dos dirigentes de los partidos tenía como premisa: “Sentar las bases para una política conjunta de los partidos, encaminada a terminar con la dictadura y devolver al país al pleno imperio de las instituciones”, además se buscaba recuperar la conducción de la sociedad civil. En el proceso del Frente Nacional se da un fortalecimiento de la rama ejecutiva, disminuyendo así las atribuciones del Congreso y de los entes judiciales, privilegiando la opción de la coerción y de la represión para lograr el orden, todo representado en los militares. Los presidentes que se repartieron el poder en el período del Frente Nacional fueron: Alberto Lleras Camargo (1958-1962), Guillermo León Valencia (1962-1966), Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) y Misael Pastrana Borrero (1970-1974); entre 1974 y 1982 dos liberales fueron jefes de Estado (Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay Ayala), pero se mantuvo la paridad de cargos en las instituciones judiciales, políticas y administrativa.